¿Por qué, pese a saber manejar proyectos complejos, caemos en compras impulsivas que dañan nuestro bolsillo? La respuesta está en la dualidad de nuestro sistema mental y en cómo el cerebro moderno aún no se adapta al dinero.
El ser humano posee dos modos de pensar: uno deliberado y otro reactivo. El primero emplea análisis lógico, cálculo y previsión. El segundo responde a emociones e instintos, activando atajos mentales que a menudo nos desvían del mejor camino.
Reconocer cuándo actúa tu sistema de pensamiento racional frente al emocional es fundamental para frenar gastos innecesarios. Una simple pausa antes de pagar puede marcar la diferencia entre una compra meditada y un impulso que lamentarás.
Nuestro cerebro se diseñó para garantizar la supervivencia, no para equilibrar cuentas bancarias. Por eso, manejar finanzas requiere un esfuerzo neurobiológico adicional que va más allá de las habilidades matemáticas básicas.
Cuando ahorramos o invertimos, no sólo calculamos cif...
Referencias