La gestión de riesgos suele asociarse con procesos intensos y, a menudo, estresantes para los equipos. Sin embargo, es posible implementar un enfoque diferente que combine la solidez estratégica con el bienestar emocional. Este artículo presenta la metáfora del Muro de la Tranquilidad, una perspectiva innovadora para identificar, evaluar y tratar riesgos sin incrementar la tensión de quienes participan en el proceso. A través de dinámicas grupales y técnicas de visualización, se fomenta un equilibrio entre la protección y la calma interna.
Las organizaciones que adopten este enfoque podrán reducir pérdidas, mejorar la moral de sus colaboradores y mantener los riesgos por debajo del umbral de apetito al riesgo organizacional. A continuación, exploraremos los fundamentos teóricos, la norma ISO 31000, los factores psicosociales, estrategias preventivas y la aplicación práctica de la metáfora, paso a paso y sin generar más estrés del necesario.
La dinámica denominada “El Muro” nació en talleres de gestión de miedos, donde los participantes construían de forma simbólica un muro que les protegiera de posibles amenazas. Al incorporar visualización mental de un espacio de calma, este ejercicio evoluciona hacia un refugio interno y compartido, reforzando la confianza colectiva y la conciencia de los recursos disponibles.
En lugar de enfrentar las amenazas de forma directa y rígida, se invita al equipo a proyectar sus emociones y preocupaciones en ese muro simbólico. Luego, se añaden “ladrillos” que representan medidas de mitigación, desde mejoras en procedimientos hasta hábitos de autocuidado. Este doble proceso integra el escudo protector contra riesgos psicosociales y potencia la creatividad en la búsqueda de soluciones.
El diagnóstico inicial se basa en la fórmula Riesgo = Probabilidad × Impacto, donde la probabilidad cuantifica la frecuencia de un evento y el impacto mide sus consecuencias en términos económicos, operativos o de reputación. Mantener este valor por debajo del umbral de apetito al riesgo organizacional es esencial para la supervivencia y sostenibilidad del negocio.
Adoptar un método sistemático y estructurado garantiza que las decisiones se basen en la mejor información disponible, se ajusten al contexto interno y externo, y cuenten con el respaldo de la dirección. Además, la integración de políticas claras y el compromiso permanente del liderazgo son claves para un proceso de mejora continua.
La norma ISO 31000 propone seis etapas, que, al combinarse con la metáfora del Muro de la Tranquilidad, reducen la ansiedad de los participantes y promueven la colaboración efectiva. A continuación, se describen los pasos esenciales:
Al llevar a cabo estas fases dentro de un ambiente creativo y libre de presiones innecesarias, se favorece la participación, se reduce la resistencia al cambio y se obtiene un análisis más fino y comprometido.
En el entorno laboral, los estresores psicosociales pueden devenir en trastornos graves si no se gestionan de forma preventiva. Los modelos Demanda-Control-Apoyo Social y Esfuerzo-Recompensa muestran que desequilibrios en carga de trabajo, autonomía o reconocimiento elevan la tensión y el riesgo de burnout.
Según datos del INSST (2022), la mayoría de las empresas todavía aborda estos riesgos de manera reactiva, sin aprovechar herramientas cualitativas y cuantitativas para un diagnóstico robusto. Ello incrementa la vulnerabilidad ante crisis y deteriora el clima laboral.
Implementar acciones eficaces sin generar una sobrecarga adicional requiere un plan claro y un alto grado de participación de todos los niveles. A continuación, se describen cinco etapas recomendadas:
Entre las herramientas más efectivas destacan la técnica del lugar seguro, sesiones de mindfulness y ejercicios de respiración que refuerzan la resiliencia frente al estrés laboral, a la vez que promueven un clima de confianza y apertura.
Para poner en práctica la metáfora, se propone la siguiente dinámica grupal: primero, el equipo identifica las amenazas internas o externas que podrían afectar sus objetivos. Luego, colectivamente, se construye un muro imaginario donde cada pieza representa una medida de mitigación, desde protocolos revisados hasta prácticas de autocuidado.
Acto seguido, los participantes cierran los ojos y se trasladan mentalmente a su lugar seguro, un entorno personal de calma y protección. Esta visualización colectiva afianza la sensación de seguridad y genera un vínculo emocional con las estrategias diseñadas, lo que potencia su implementación efectiva.
El Muro de la Tranquilidad demuestra que la gestión de riesgos no está reñida con el bienestar emocional. Al combinar dinámicas simbólicas, normas internacionales y técnicas de visualización, se consigue un enfoque integral, colaborativo y libre de tensiones innecesarias.
Las organizaciones que adopten esta metodología percibirán beneficios tangibles: reducción de costes por incidentes y ausentismo, mejora en la satisfacción y compromiso del personal, y una cultura más resiliente y adaptativa. Es hora de edificar nuestro propio Muro de la Tranquilidad para proteger lo que verdaderamente importa: la salud y el éxito colectivo.
Referencias