En un mundo marcado por la volatilidad económica, la digitalización acelerada y la complejidad geopolítica, la prevención de peligros financieros se ha convertido en la piedra angular para empresas, instituciones y particulares. Anticipar riesgos y adoptar estrategias proactivas es esencial para proteger el patrimonio y garantizar la continuidad del negocio en 2026.
La desaceleración del crecimiento mundial y el entorno geopolítico tenso han llevado a un aumento de insolvencias empresariales. Según el Informe Global de Riesgos 2026 de Coface, el 63% de las entidades reportan alteraciones en tesorería por impagos en comercio internacional. Estos desafíos obligan a los líderes a reconfigurar prioridades y fortalecer mecanismos de control.
Las principales prioridades empresariales se distribuyen en distintas regiones, mostrando claras diferencias estratégicas:
Estas cifras reflejan un enfoque predominantemente defensivo en Norteamérica, mientras que EMEA y APAC equilibran disciplina y expansión con cautela. En paralelo, la emisión de renta fija en España alcanzó 68.000 millones de euros (+42%), y el capital riesgo ha cuadruplicado su patrimonio en la última década.
Para enfrentar un entorno que combina amenazas cibernéticas y criptoactivos, inflación persistente y evolución regulatoria, es necesario adoptar un enfoque integral y multidimensional. Reforzar la resiliencia operativa continua y robusta se logra mediante la implementación de herramientas que combinan tecnología y disciplina humana.
En paralelo, es esencial profesionalizar la gestión de crédito y reforzar la disciplina financiera rigurosa y sostenible. Esto garantiza que el crecimiento no se vea comprometido por impagos o desequilibrios de liquidez.
El fraude y los ciberataques representan peligros crecientes que pueden erosionar la confianza de clientes e inversores. En Latinoamérica, el fraude con tarjeta es un 97% más alto que en Estados Unidos y el abuso de políticas de devolución ha subido un 57%. En Brasil, las pérdidas por APPF superarán los 380 millones de dólares hacia 2028.
La formación continua de los equipos y la adopción de controles avanzados reducen tanto las primas de ciberseguro como el tiempo de identificación y contención de un incidente.
Más allá de la tecnología, el éxito radica en integrar políticas, procesos y cultura organizacional. La combinación de herramientas tecnológicas avanzadas basadas en IA con programas de concienciación convierte a los empleados en la primera línea de defensa contra el crimen financiero.
Un enfoque destacado es el cálculo de ROSI (Return on Security Investment): (Coste potencial de la brecha x reducción de probabilidad) – coste del programa. Este indicador traduce los beneficios de la prevención en métricas financieras tangibles.
Para inversores, la recomendación es analizar riesgos, comisiones y peso de gestores activos en emergentes, al tiempo que se mitiga el impacto de la inflación con activos reales.
El verdadero poder de la prevención reside en anticipar y neutralizar riesgos antes de que se materialicen. Pasar de una postura reactiva a un modelo predictivo, impulsado por tecnología y disciplina, permite no solo evitar pérdidas sino también capturar oportunidades de crecimiento sostenible.
Al adoptar esta visión integral, las empresas, instituciones y particulares podrán navegar con confianza en el turbulento contexto de 2026, reforzando su posición competitiva y protegiendo el patrimonio contra peligros financieros emergentes.
Referencias