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Gestión de Riesgos
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Más que Números: El Factor Humano en la Evaluación de Riesgos

Más que Números: El Factor Humano en la Evaluación de Riesgos

02/02/2026
Bruno Anderson
Más que Números: El Factor Humano en la Evaluación de Riesgos

En un mundo donde los gráficos y las estadísticas parecen dominar cada informe, existe una verdad que a menudo pasa desapercibida: la dimensión humana transforma la gestión de riesgos. Comprender las emociones, las percepciones y los comportamientos de las personas involucradas es tan esencial como analizar tablas y probabilidades.

Las cifras son contundentes: cuando se planifican acciones de prevención, la improvisación en proyectos disminuye hasta un 50%. Sin embargo, el 75% de las iniciativas fracasan por la falta de compromiso de la alta dirección y cerca del 80% de los accidentes laborales se atribuyen directamente a decisiones y actitudes humanas.

La relevancia del factor humano en proyectos

La gestión de riesgos tradicional suele centrarse en amenazas externas o incidentes técnicos, dejando de lado la importancia innegable del equipo y su influencia en cada etapa. Cuando un colaborador no comprende sus responsabilidades, cuando un directivo no lidera con transparencia o cuando un trabajador se siente desmotivado, el proyecto pierde estabilidad.

Incorporar el análisis del factor humano implica prever conflictos emocionales, anticipar resistencias al cambio y diseñar estrategias para mantener el compromiso activo. La vulnerabilidad de un proyecto no solo reside en sus recursos o en la complejidad de sus tareas, sino en la percepción que tienen los involucrados sobre el proceso.

Tres categorías de riesgos humanos en proyectos

  • Impactos organizacionales: cómo la carga de trabajo, la pérdida de autonomía y el aumento del estrés afectan el ánimo general.
  • Estado de ánimo del personal: la resiliencia colectiva, la inteligencia emocional y la actitud ante el cambio.
  • Implicación directiva: el liderazgo efectivo y el apoyo visible de mandos intermedios y dirección.

Cada una de estas categorías demanda un análisis específico: detectar fuentes de conflicto, diseñar espacios de diálogo y crear métricas cualitativas que complementen los indicadores numéricos. Solo así se logra una visión integral del riesgo.

Aspectos cognitivos y comportamientos inseguros

La forma en que cada persona interpreta una situación está condicionada por la percepción, la interpretación y la evaluación que realiza de su entorno. Estos factores cognitivos influyen directamente en la atención, la memoria y la toma de decisiones, y pueden derivar en actuaciones inseguras.

Cuando un trabajador asume que un procedimiento es secundario, o cuando un directivo subestima la complejidad de una tarea, el desajuste entre actitud y norma crea grietas en la seguridad. A pesar de los avances tecnológicos, el error humano sigue siendo la causa principal de la siniestralidad laboral.

Procesos y metodologías de evaluación

Para abordar estas variables, existen herramientas estructuradas que facilitan la identificación de fallos humanos:

  • Pasos para gestionar riesgos del factor humano:
    1. Evaluar riesgos y contingencias asociadas a las personas.
    2. Analizar los impactos organizacionales.
    3. Clasificar riesgos según gravedad y probabilidad.
    4. Definir acciones de mitigación y responsables.
    5. Establecer plazos claros de ejecución.

Además, metodologías como Human Factors Safety Critical Task Analysis integran un enfoque de siete pasos para desglosar y corregir posibles fallos, mientras que el Hierarchical Task Analysis descompone las tareas complejas en componentes sencillos.

Involucrar a los operadores, conocer los Performance Influencing Factors y planificar la recuperación ante errores son prácticas que fortalecen cualquier sistema de prevención.

Estrategias efectivas de mitigación y control

Para que los sistemas de seguridad sean verdaderamente eficaces, deben complementarse con:

  • Programas formativos continuos que sensibilicen sobre riesgos y procedimientos.
  • Canales de comunicación abiertos que fomenten la retroalimentación.
  • Cambios organizacionales que faciliten la cultura preventiva.

Una cultura de seguridad sólida exige que todos conozcan claramente los procedimientos, desde directivos hasta contratistas. Solo así se evitan lagunas y se asegura una respuesta coordinada ante cualquier eventualidad.

La prevención proactiva del factor humano no solo reduce incidentes, sino que crea entornos de trabajo más colaborativos y motivadores. Al integrar la dimensión humana en el análisis de riesgos, las organizaciones ganan resiliencia y elevan sus niveles de excelencia operativa.

En definitiva, más que analizar números, conviene mirar a las personas: sus motivaciones, sus miedos y sus capacidades. Esa es la clave para proyectos exitosos, seguros y sostenibles.

Bruno Anderson

Sobre el Autor: Bruno Anderson

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